Salamanca-Vitigudino. 1 de junio del 2016. 71,5 km.

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La ruta la iniciamos en la ciudad de Salamanca.

El primer día madrugamos y no nos demoramos mucho en salir. Nunca hemos viajado juntos. De hecho son varios los que no se conocen entre ellos pero eso no parece importar. Salimos de la ciudad por el puente romano sobre  el río Tormes buscando la carretera de Vitigudino, la CL-517. A escasos tres kilómetros del centro de la ciudad hacemos la primera parada para comprar naranjas y plátanos. La siguiente parada ocurrió unos kilómetros más adelante, en Golpejas.

 

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Esta parada prometia porque lo que en un principio solo iba a ser un radio roto en la bici de Zubi se convirtió en medio día. Al radio se le junto el eje de la rueda trasera y ante la falta de material y medios para arreglar el problema la solución fue esperar a Zubi en Golpejas mientras él regresaba a Salamanca en auto-stop  y rueda en mano. Al principio iban a tirar algunos un rato pero la cosa cayo por su propio peso y en unos minutos sacamos una ronda en el bar junto a la carretera. No sé quien tenía más prisa si Zubi en regresar o nosotros en echarnos al estomago alguna que otra ración. Y nos entró muy bien una de callos. En su punto, con algo de picante. El rato dejo de serlo y entonces decidimos pedir permiso a la camarera para poner el hornillo y hacer pasta. Con el beneplácito de los dueños comenzamos a preparar los spaghettis  y ensalada en la misma terraza del mesón. Y en estas llego Zubi con la rueda impecable. La broma le salió un pico (100 euros la rueda entera y 40 al tío que le acerco). Pero como el susto no le quito el hambre llego a tiempo para saborear nuestra primera comida de hornillo en esta aventura.

 

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Foto: Jose Antonio de chef

 

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   El grupo dando cuenta de la pasta

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Al rato retomamos la ruta. No había desvíos. Sencilla la ruta. Teníamos que seguir la misma carretera hasta Vitigudino. Por la mañana la carretera tenia cierto trafico que se fue atenuando después de la tarde. El paisaje a ambos lados se iba a mantener durante toda la ruta. Campos de cultivo con pueblos agrícolas/ganaderos y salpicado por encinas y de vez en cuando alguna charca que forman las dehesas típicas de esta zona penínsular. Por suerte en este mes y después de las últimas lluvias (abundantes una semana antes de la aventura) el campo se encontraba verde, precioso. Entre los trinos de los pájaros y los vuelos de los milanos avanzamos aquella tarde soleada y despejada del 1 de junio. Mi cabeza se alegraba de este momento y pensaba en los calores que podría hacer un mes más tarde y en el color amarillento que inundaría el paisaje. Este primer día no iba a ser recordado por el recorrido en sí. Quizás podemos decir que fue el menos interesante a nivel paisajistico pero cuando lo pensé admito que fue por motivos personales. Son varios los conocidos que nacieron en esta comarca y han sido muchas las ocasiones que pensé en acercarme por allí y está era una buena ocasión de hacerlo y ademas en bicicleta.

En Vitigudino no teníamos ningún contacto ni referencias de alojamientos pero una vez llegamos comenzamos a movernos para encontrar un lugar donde pasar la noche. Al poco rato teníamos controlados varios hostales y una zona de posible acampada no muy lejos de la localidad. El precio del hostal La Viña desorbitado (46 euros la doble y a72 la triple). El precio, el trato inicial del dueño y las decenas de opiniones que aparecían en internet fueron suficientes como para salir pitando. Había una casa rural en el centro del pueblo pero llamamos y nos dijeron que estaba ocupada. Y en las afueras preguntamos en el Hotel el Quijote pero los dueños no se encontraban y parecían no querer encontrarnos. Y en estas nos encontrábamos cuando entre una cosa y otra nos acercamos a una casa rural en las afueras de Vitigudino, en la carretera de Aldeadávila de la Ribera (en la misma ruta). Llegamos allí la avanzadilla y el dueño que se encontraba cortando el césped paro la maquina y nos enseño la casa. Iba de estiradillo y con el tiempo estas cosas a mejor no suelen ir. El indico a los compañeros que marcasemos nosotros el precio… que el entendía a los cicloturistas porque según él “yo soy uno de ellos”. Y estas cosas que no se cierran pronto, no suele ir a mejor. Y claro vimos el cielo en la tierra. sin cerrar el precio pero que en principio iba a ser irrisorio nos hicimos con el local. En un rato parte del grupo ya andaba recorriendo las carnicerías en busca de chuleta, queso y lo que hiciese falta. Y razón no faltaba: era el lugar propicio para darnos la gran cena.

Y no sabemos si al dueño por ver la cena que nos íbamos correr o porque le sintió algo mal la cosa es que dejó las primeras señales de algo no rodaba como a el le gustaba. Hablando con Jose Antonio le pregunto cuanto le íbamos a dejar y al decirle el precio el le dijo que no podíamos ser tan racanos. Así que aguantando el chaparrón el grupo decidió pagar algo más. Es cierto el lugar estaba bien. Y somos conscientes de que pagamos menos que el precio oficial. Incluso se puede decir que “barato” pero no nos gustaron las formas. Le dejamos 150 euros entre todos, poco más de 21 euros cada uno. Discutimos. Claro que discutimos pero más por las formas y el no haber cerrado antes el trato que por el precio en sí. Lo que es indiscutible es que el grupo se afianzo como tal y que la cena no se nos atraganto.

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Ruta del 1 de junio del 2016

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