2 de julio. Fiñana-Fonelas. 66,33 km

Desayunamos. Algunos preparan el desayuno en el “almacén del trigo” y otros nos acercamos hasta el bar de la plaza.

Hoy podemos decir que hemos aprovechado bastante el día.  Salimos pronto y el viento lo teníamos a favor. Encima todavía no calentaba mucho y con estos factores a favor… llegamos algo tarde a comer. La idea era la de aligerar el paso y llegar a una hora prudencial a Marchan, un pueblo muy cerca de Guadix para comer en la bodega de un colega de Gabry.  Pero entre una cosa y otra llegamos dos años más tarde. Que si la abuela fuma, que si el perro ladra, que si vamos a contar mentiras. Lo de siempre. Pero como dijo aquel: a gusto.

Nos entretuvimos con el chinito al llegar a Dólar.

¿Qué es un chinito?

Un chinito no es un tío gracioso con los ojos rasgados.  No es eso. O es eso pero no hablo de lo mismo. Un chinito es casi una religión en algunos lugares del mundo. Por ejemplo en  Dólar. La primera vez que hoy hablar de “un chinito” me quede petrificado, con cara de gilipollas. Nunca pensé que se comían pero efectivamente, se comen.  Y lo más curioso esto se come en  esta pequeña localidad en tierra de paso. Igual me confundo pero voy a otorgarle el chinito a Dólar. La gente para en un borde de la carretera y solo se puede hacer un par de cosas: o entrar en el bar, o acercarte a ver “un chinito”. Pero lo a que vamos. Estando en Almería las proporciones parecen más bien de alguien de Bilbao. Te compras un chinito y por pequeño que sea como una familia entera. Y sobra. Y si no sobra es porque la gente no ha comido desde hace unas semanas.

Se puede comer a palo seco pero con el paso por Dólar y la compra de chinitos uno adquiere destreza y en mi caso como mejor me desenvuelvo es con la compañía de un vaso de leche con café.  Acerco el trozo de chinito y lo dejo en el olvido. Que se vaya sumergiendo en el  vaso hasta que pide auxilio. Entonces lo recupero con la cucharilla y en milésimas de segundo cae de la boca al estomago.

Desde entonces  admito que de vez en cuando desearía haber dedicado mi vida a hacer “chinitos”.

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De Dólar continuamos hasta Guadix pero se nos cruzo Vicente en el camino y tuvimos que detenernos un ratito.  Este hombre estaba injertando almendros. Yo me perdí entre explicaciones que el hombre iba desgranando poco a poco. Al final como de costumbre la pregunta es hacia donde vamos y al decir a Vitoria sin mucho interés nos vino a decir que eso estaba un poco lejos.

Seguimos hablando de la importancia que es que alguien con tiempo, ganas y mucho cariño dedicará su esfuerzo en plasmar la vida de estos personajes de campo que pululan por España. Gabry decía que de alguna forma esta gente tiene arte y que a veces solo caemos en llamar Arte al que proviene del mundo urbano. “Arte urbano” se oye mucho “Arte rural” no tanto.

Arturo

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