Carmen de Las Negras.

“Antes que nada quiero hacer un pequeño comentario sobre Las Negras. Es un pueblecito maravilloso cerca de Almería. Mi marido y yo, con mi hermano, un amigo y mi hijo mayor que entonces tendría tres o cuatro años, llegamos allí por primera vez para pescar. Pesca submarina a pulmón libre.

Aquello era el paraíso de los meros y la pesca en general. Estoy hablando de hace cuarenta y muchos años. Allí fuimos sin saber exactamente donde íbamos. Al llegar “al fin del mundo”, cansados del viaje hablamos con una de las primeras personas que encontramos, era Carmen. La gente de por allí hablaba poco, sobre todo las mujeres. Era la única persona de aquel pueblecito que tenía alguna habitación para alquilar. esto ya quería decir algo a su favor.

Entonces Carmen siempre iba vestida de negro, con pañuelo también negro en la cabeza. Con el tiempo fue modernizándose un poco. Su belleza era, es, una mezcla de andaluza y cubana. Fuerte, ojos negros, cara ancha, boca carnosa, su mirada inteligente y paciente, sin prisa, pero solucionándolo todo.

Fue ella quien en nuestra primera estancia en Las Negras nos dio de comer, nos ofreció donde dormir, solucionó todo; y su marido el que nos llevó a pescar con su barca, una de las únicas que había. Aquello era todo un paraíso, paisajes, playas, su gente, y sobre todo el Cerro Negro.

Hemos continuado yendo a Las Negras, ni mucho menos todo lo que me hubiera gustado. Allí tengo una casita frente al mar, es la mínima expresión de vivienda. Para mí no hay nada igual, con solo abrir la puerta veo el mar y el Cerro Negro, un peñasco único que respeto con todo mi corazón.

Pero hablemos de Carmen. En aquellos tiempos, además de las habitaciones para alquilar también tenía el único colmado, una tiendecita para poder comprar algo. Carmen siempre estaba detrás del mostrador fuera de la hora que fuera. Carmen tiene tres hijos, dos chicas y un chico. Qué voy a contar del chico, era todo un playboy, un buen chico pero algo consentido por su madre. Ahora ya todos están casados y con hijos, Carmen ya es bisabuela.

Con todasu inteligencia y serenidad fue comprando apartamentos para alquilar y su pequeño colmado se fue ampliando. El primer Hostal de Las Negras fue de Carmen. Sí, es verdad que la pobre tiene, ahora a su vejez, las piernas mal y se siente cansada, pero va a dejar a sus hijos un buen patrimonio y sobre todo un ejemplo fantástico.

Me encanta cuando voy a verla y charlar con ella, siempre me cuenta cosas interesantes. Aunque ahora ya sale poco se entera de todo, de lo que pasa allí y en todo el mundo. Recordamos cuando hace tantos años había tanto pescado y tan poca gente. Ahora es al revés, mucha gente y el mar vacío de pesca.

Carmen va observando y haciendo ganchillo, colchas para sus nietas. Hace poco me regaló dos tapetes preciosos, hechos con sus valiosas manos. Para mí un regalo único y maravilloso.

Hablamos a veces por telefono. Me encanta escuchar su voz tranquila, sosegada, una voz de vejez inteligente, con experiencia, de alguien que ha sabido vivir sin prisas, pero trabajando siempre, ayudando a los demás.

Tengo muchas ganas de volver a Las Negras para poder charlar con ella.

Gracias , Carmen, por su serenidad e inteligencia”

Extracto del libro Regálame tiempo de Mercedes Casulleras.

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Estoy quemando mis últimos cartuchos en este pueblo, en el que tan tranquilo me he sentido. Me voy reloco de vida y con el daño de quien se debe ir porque no le queda otra. Quizás algún día regrese. Quizás algún día me quede pero soy realista y es complicado.

Aquí y ahora. Lo pongo todo en una balanza y me voy de marcha al cerro Negro y a tomar un cubata a La Gabarra. Por la mañana, cuando el sol haya salido tal vez desayune en el bar de Diego, ese que tiene una buena terraza donde no se ve mucho la mar pero en el que estoy agustito. Y antes de regresar a casa, después de tragarme la Voz de Almeria (sigue siendo un panfleto) y tratar de escribir algo sobre la aventura a China, tal vez me pare a tomarme una clara con limón servida por Manolo, el del Toresano. Igual esta José y Marcelo. Ya saben que soy “el Vasco raro”, el que se toma el café o esa clara con una tapita de tocineta a la plancha. Os aseguro que después de recorrer muchos bares en esta provincia para mi no hay color.

No me voy muy lejos.

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